Cuando caminar por la calle se convierte en una base de datos abierta y consultable en tiempo real.
El fin de ser un desconocido
Imagina que vas caminando por la Gran Vía o por cualquier plaza concurrida de tu ciudad. Cruzas la mirada con alguien y, de repente, un pequeño letrero virtual aparece junto a su cara. No es ciencia ficción, ni un capítulo de Black Mirror que se nos fue de las manos. Es el proyecto en el que Meta está trabajando bajo el nombre de “Name Tag”.
La idea es tan sencilla como aterradora: usar el reconocimiento facial en sus gafas inteligentes para identificar a cualquier persona que entre en tu campo de visión. Según documentos internos filtrados recientemente, hoy, sabemos que la empresa de Mark Zuckerberg está evaluando seriamente romper uno de los últimos tabúes de la privacidad digital: el anonimato en el espacio físico.
Esto es como si, de repente, todo el mundo llevara su perfil de LinkedIn o de Instagram pegado en la frente. ¿Te imaginas la sensación de que un desconocido sepa quién eres antes incluso de decirte hola? Me puse a pensar en esto mientras desayunaba y, honestamente, da un poco de vértigo.
¿Qué es exactamente Name Tag?
El proyecto “Name Tag” no es solo una función de etiquetado de fotos. Es una herramienta activa que utiliza el software de reconocimiento facial de Meta para cruzar los rasgos faciales de las personas que ves con sus inmensas bases de datos. Si esa persona tiene una cuenta en Facebook o Instagram (y quién no la tiene hoy en día), las gafas podrían mostrarte detalles identificativos en una fracción de segundo.
Esto cambia las reglas del juego. Hasta ahora, las gafas inteligentes de Meta —las famosas Ray-Ban Meta— se vendían como una forma de capturar momentos con las manos libres o escuchar música. Pero dar el salto al reconocimiento facial activo es cruzar un rubicón ético del que no hay vuelta atrás. Esto ya no es “trastear con ideas”, es plantear un cambio sistémico en cómo nos relacionamos.
¿Por qué importa esto en tu día a día? Porque afecta a tu capacidad de ser invisible. Si esta tecnología se normaliza, cualquier interacción casual, cualquier manifestación o simplemente un paseo por el parque deja de ser privado. Estás a un escaneo de distancia de ser rastreado.
La estrategia del silencio: el momento perfecto para lanzar
Uno de los puntos más polémicos de las filtraciones es la estrategia de lanzamiento que Meta está considerando. Según los documentos, la compañía es plenamente consciente de que esta función va a levantar ampollas. Por eso, están barajando lanzarla durante periodos de alta actividad política o agitación social.
¿Por qué harían algo así? La lógica es cínica pero efectiva: cuando hay mucho ruido en las noticias, los cambios drásticos en la privacidad suelen pasar más desapercibidos. Es como intentar pasar una ley polémica un viernes por la tarde cuando todo el mundo está pensando en el fin de semana. Al lanzarlo en momentos de distracción pública, Meta busca minimizar el escrutinio de los grupos civiles y de la prensa.
Como periodista, este enfoque me parece una señal de alerta roja. Si una empresa siente que tiene que esconder el lanzamiento de una función bajo el manto de otras noticias, es porque sabe perfectamente que lo que está ofreciendo es, como poco, cuestionable.
El grito de los activistas: la amenaza es real
Organizaciones como la ACLU (Unión Estadounidense por las Libertades Civiles) ya han puesto el grito en el cielo. Para ellos, esto no es un avance tecnológico, es una herramienta de vigilancia masiva puesta en manos de civiles. El riesgo no es solo que te identifiquen, sino lo que se hace con esa información.
Imagina los riesgos de acoso. Una persona podría seguir a otra por la calle sabiendo exactamente su nombre y lugar de trabajo sin haber intercambiado una sola palabra. Es el sueño de un acosador hecho realidad bajo una interfaz elegante de Ray-Ban. La ACLU advierte que esto supone una amenaza directa a la libertad de expresión y de reunión. Si sabes que te pueden identificar automáticamente, ¿irías con la misma libertad a una protesta?
“La tecnología de reconocimiento facial en dispositivos de consumo borra la línea entre el espacio público y la vigilancia privada, creando un mundo donde nadie es realmente un extraño”.
¿Cómo ha llegado Meta hasta aquí?
No es la primera vez que Meta coquetea con el reconocimiento facial. Hace años, tuvieron que dar marcha atrás con su sistema de etiquetado automático en fotos debido a la presión regulatoria y las multas millonarias. Sin embargo, parece que la ambición por dominar el metaverso y la realidad aumentada ha reavivado este interés.
Para Meta, las gafas son el dispositivo que sustituirá al móvil. Y para que ese dispositivo sea útil, tiene que “entender” el mundo. El problema es que entender el mundo, para ellos, incluye ponernos una etiqueta a todos. Es una visión donde la comodidad del usuario (saber quién es el que me está saludando y cuyo nombre no recuerdo) se prioriza sobre el derecho colectivo a la privacidad.
Esto es como si te dieran un superpoder, pero a cambio tuvieras que aceptar que todos los demás también lo tienen sobre ti. ¿Vale la pena el intercambio?
Guía de supervivencia: ¿Qué podemos hacer?
Aunque Meta dice que todavía está en fase de evaluación y que adoptará un enfoque “reflexivo”, la historia nos dice que estas funciones suelen terminar llegando de una forma u otra. Aquí te dejo algunos puntos clave para entender el panorama actual:
- Identifica el hardware: Las gafas de Meta tienen un pequeño LED que se enciende cuando graban, aunque este puede ser tapado o ignorado fácilmente.
- Revisa tu privacidad: Mantener tus perfiles de redes sociales en modo privado dificulta (aunque no impide totalmente) que los algoritmos de terceros te vinculen tan rápido.
- Presión regulatoria: En la Unión Europea, el Reglamento de Inteligencia Artificial (AI Act) es mucho más estricto con el reconocimiento facial en espacios públicos que en Estados Unidos. Es probable que aquí veamos una batalla legal antes de que la función llegue a las tiendas.
- Conciencia colectiva: Hablar de estos temas es la única forma de que no nos pillen desprevenidos. La tecnología no es inevitable; es una elección.
Conclusiones accionables
Estamos ante un cambio de paradigma. La tecnología wearable está pasando de ser un accesorio a ser una capa de datos sobre la realidad. Estas son las tres lecciones que debemos llevarnos hoy:
- El anonimato en público es un derecho que estamos a punto de perder si no exigimos transparencia total.
- Las empresas tecnológicas utilizan el calendario de noticias para introducir cambios invasivos sin debate social.
- La seguridad personal y la prevención del acoso deben estar por encima de cualquier función de conveniencia tecnológica.
En resumen, las gafas de Meta podrían ser la herramienta de productividad definitiva o el dispositivo de vigilancia más distribuido de la historia. La diferencia dependerá de cuánto estemos dispuestos a ceder como sociedad. Al final, la pregunta no es si la tecnología puede hacerlo, sino si nosotros queremos vivir en un mundo donde nadie pueda ser, simplemente, un desconocido.



