Cuando el producto no solo eres tú, sino que además te pagan por serlo.
El extraño fenómeno de cobrar por hablar con una máquina
Imagina que mañana te despiertas, abres tu aplicación de mensajería favorita y te encuentras con un mensaje: “Hola, si hoy le haces diez preguntas a nuestro asistente de Inteligencia Artificial, te regalamos un cupón de cinco euros para tu próxima compra o, mejor aún, te ingresamos dinero directo en tu cuenta”. Suena a estafa, ¿verdad? Pues en China, durante este mes de febrero de 2026, esto no es un timo, es la realidad cotidiana de millones de personas. Las grandes corporaciones como Alibaba, Tencent, Baidu y ByteDance han decidido que la mejor forma de ganar la carrera tecnológica no es solo tener el mejor algoritmo, sino comprar tu atención con billetes contantes y sonantes.
Esto es como si, en los inicios de Internet, Google te hubiera pagado por cada búsqueda que hicieses. En el mundo del marketing tradicional lo llamamos “coste de adquisición de usuario”, pero lo que estamos viendo hoy en el gigante asiático es una versión dopada y frenética de ese concepto. Estamos hablando de una inversión que roza los 2.900 millones de dólares en incentivos durante la festividad del Año Nuevo Lunar. ¿El objetivo? Que no te olvides de que su chatbot existe mientras comes con tu familia.
El contexto: Sobres rojos y algoritmos
Para entender por qué esto ocurre ahora, hay que mirar el calendario. El Año Nuevo Lunar es la época de mayor consumo y movimiento en China. Es el momento de los ‘hongbao’, esos sobres rojos llenos de dinero que familiares y amigos se intercambian como símbolo de buena suerte. Las tecnológicas han hackeado esta tradición. En lugar de ser solo un gesto entre humanos, ahora el sobre rojo te lo da la IA de ByteDance (los dueños de TikTok) si interactúas con su modelo Doubao.
Me puse a investigar las cifras detrás de este movimiento y son mareantes. Solo en esta campaña navideña, se estima que las empresas han destinado unos 647 millones de dólares específicamente a estos “sobornos navideños” tecnológicos. No es solo generosidad corporativa; es una medida desesperada. En un mercado donde la atención es el recurso más escaso, estas empresas prefieren quemar caja hoy para no ser irrelevantes mañana. Es una partida de póker donde la apuesta mínima para seguir sentado en la mesa ha subido a niveles estratosféricos.
El factor DeepSeek: El invitado que nadie esperaba
Si te preguntas por qué empresas tan consolidadas como Alibaba están tan nerviosas, la respuesta tiene nombre propio: DeepSeek. Hace apenas unas semanas, esta startup sacudió los cimientos de Silicon Valley y de Shenzhen al demostrar que se podía crear un modelo de IA extremadamente potente con una fracción del presupuesto de sus competidores. DeepSeek ha demostrado ser el “David” que ha puesto en jaque a los “Goliaths”.
La aparición de DeepSeek ha cambiado las reglas. Antes, las grandes tecnológicas pensaban que su ventaja era el músculo financiero para comprar servidores. Ahora que la eficiencia ha demostrado ser más importante, su única defensa es atrincherarse en el usuario final. Si logran que cientos de millones de personas usen sus chatbots por costumbre (o por los pagos), habrán creado un muro difícil de saltar para los nuevos competidores, por muy eficientes que sean sus modelos.
“La IA en China ha dejado de ser una competición de ingeniería para convertirse en una guerra de guerrillas por el clic diario del usuario”.
¿Cómo se reparte el botín? Estrategias de captación
Cada gigante ha elegido su arma. ByteDance, por ejemplo, utiliza su enorme ecosistema de Douyin (el TikTok chino) para integrar su chatbot Doubao en cada rincón. Ofrecen recompensas directas que los usuarios pueden gastar en la misma plataforma. Por otro lado, Alibaba está vinculando sus asistentes de IA con descuentos masivos en Tmall y Taobao, sus plataformas de comercio electrónico. Es una jugada maestra: te pago por usar mi IA y luego te facilito que te gastes ese dinero en mi tienda.
Tencent no se queda atrás. Al ser dueña de WeChat, la aplicación que los chinos usan para absolutamente todo, tiene la ventaja de la cotidianeidad. Han empezado a patrocinar eventos masivos y a regalar cupones de servicios básicos a quienes demuestren un uso recurrente de sus herramientas de inteligencia artificial. Esto es como si WhatsApp te regalara saldo para el metro por cada vez que le pides que te resuma un grupo de chat. ¿Quién podría decir que no?
Riesgos y el espejismo de la fidelidad
Pero no todo es color de rosa en esta lluvia de millones. Hay un riesgo evidente: la fidelidad comprada es una fidelidad frágil. ¿Qué pasará cuando los subsidios se acaben? Ya lo vimos en el pasado con las aplicaciones de transporte compartido como Uber o Didi. Mientras el viaje costaba un euro gracias a las subvenciones, todos las usaban. En cuanto el precio se normalizó, el usuario saltó a la siguiente plataforma que ofrecía un código de descuento. Con la IA puede pasar lo mismo.
Además, está el problema de la calidad de los datos. Si millones de personas hablan con una IA solo para cobrar un premio, las conversaciones serán vacías, repetitivas y de poco valor para entrenar mejor al modelo. Se corre el riesgo de crear una burbuja de interacción artificial donde las máquinas aprenden de usuarios que no tienen un interés real en la respuesta, sino en el beneficio económico. Es, en esencia, pagar por un ruido que podría acabar ensuciando el propio producto.
¿Qué podemos aprender de esto?
Aunque esto esté pasando al otro lado del mundo, nos da pistas cruciales sobre el futuro de la tecnología global. Primero, que la IA ya no es una novedad técnica, es una ‘commodity’. Segundo, que la barrera de entrada para el usuario común sigue siendo alta y las empresas están dispuestas a todo para derribarla. Y tercero, que el modelo de negocio de la IA generativa sigue siendo un gran interrogante. Si tienen que pagar para que la uses, es que todavía no han encontrado la forma de que sea tan indispensable como para que tú pagues por ella.
Aprendizajes clave para el lector:
- La atención es moneda: Si una empresa te paga por usar algo, es porque tus datos y tu hábito valen mucho más que ese pago.
- Competencia feroz: La llegada de modelos eficientes como DeepSeek obliga a los gigantes a gastar en marketing lo que antes gastaban en hardware.
- Cuidado con los incentivos: Lo gratuito (o pagado) suele ocultar una falta de utilidad real inmediata o una fase de experimentación agresiva.
- Efecto red: Estas empresas no buscan tu opinión, buscan que sus sistemas se vuelvan el estándar por pura masa crítica.
En definitiva, estamos ante un experimento social y económico sin precedentes. La próxima vez que uses una IA gratuita, recuerda que en algún lugar del mundo, alguien está recibiendo un ingreso por hacer exactamente lo mismo. La pregunta es: ¿cuánto tiempo podrá sostenerse este modelo antes de que la realidad financiera llame a la puerta?



