Cuando el código dejó de ser el idioma del oro para convertirse en una herramienta más de nuestra caja de herramientas.
El fin de una era dorada
Durante los últimos veinte años, estudiar Ingeniería Informática era lo más parecido a tener un billete de lotería premiado antes del sorteo.
Si vivías en California, ese billete te abría las puertas de Google, Meta o Apple. Era la promesa del éxito asegurado, del sofá en la oficina y los sueldos de seis cifras.
Sin embargo, hoy, el panorama es radicalmente distinto. Por primera vez en dos décadas, las universidades públicas de California han visto cómo las solicitudes para estas carreras caen en picado.
Es un giro de guion que nadie vio venir, o que quizás todos intuíamos pero nadie quería admitir en voz alta.
Imagina que durante años te dicen que aprender a usar una excavadora es la clave del futuro, y de repente, las excavadoras empiezan a conducirse solas.
¿Por qué está pasando esto ahora?
No hay una sola causa, sino una tormenta perfecta que ha golpeado el corazón de Silicon Valley. La primera razón tiene nombre propio: Inteligencia Artificial.
La IA ha pasado de ser una promesa a una realidad que escribe código, depura errores y diseña arquitecturas básicas en segundos.
Esto ha generado un miedo real entre los perfiles junior. Si una máquina puede hacer el trabajo de un recién graduado, ¿qué valor aporta ese título?
Muchos estudiantes se preguntan si merece la pena dedicar cuatro o cinco años a aprender algo que una IA puede ejecutar con un simple prompt.
A esto le sumamos los despidos masivos que hemos visto en las Big Tech durante el último año. El aura de invulnerabilidad de la industria se ha roto.
“Ya no es suficiente con saber programar; ahora hay que saber qué construir y por qué”, comentan los expertos del sector.
El efecto espejo: de la saturación a la especialización
Esto me recuerda a lo que pasó con el aprendizaje de idiomas. Hace décadas, saber inglés era una profesión en sí misma (traductor, profesor).
Hoy, el inglés es una herramienta transversal. Se da por hecho que lo sabes para poder hacer otras cosas. Con la informática está ocurriendo lo mismo.
Los estudiantes ya no quieren ser “solo programadores”. El mercado está saturado de personas que saben picar código, pero faltan perfiles que entiendan la lógica profunda.
Por eso, estamos viendo un trasvase hacia ingenierías más tradicionales o estudios que combinan la tecnología con la ética, la biología o la física.
Es como si estuviéramos volviendo a valorar los cimientos de la casa en lugar de solo preocuparnos por el color de la pintura en la fachada.
El cambio de paradigma en las aulas
Las universidades no se están quedando de brazos cruzados. Están empezando a entender que el modelo de enseñanza de 2010 ya no sirve.
En lugar de enseñar lenguajes de programación específicos que pueden quedar obsoletos en dos años, el enfoque está virando hacia el pensamiento crítico.
Se trata de enseñar a los alumnos a colaborar con la IA, no a competir contra ella. Es una transición necesaria pero dolorosa para muchas instituciones.
Me puse a investigar algunos planes de estudio nuevos y es fascinante ver cómo asignaturas de filosofía o gestión de proyectos ganan peso frente a la sintaxis pura.
¿A quién afecta realmente este cambio?
Principalmente a dos grupos. Primero, a los jóvenes que están decidiendo su futuro ahora mismo y sienten la presión de la incertidumbre.
Segundo, a las propias empresas tecnológicas, que van a tener que redefinir qué buscan en un candidato de nivel inicial.
Ya no buscan a alguien que sepa memorizar librerías de funciones, sino a alguien capaz de resolver problemas complejos usando todas las herramientas a su alcance.
Riesgos y contraargumentos: no es el fin del mundo digital
Cuidado, que las matrículas bajen no significa que la informática haya muerto. Sigue siendo la columna vertebral de nuestra civilización actual.
El riesgo real es que este descenso provoque una falta de talento cualificado en áreas críticas como la ciberseguridad o el desarrollo de infraestructuras básicas.
Si dejamos de formar informáticos de base, ¿quién mantendrá los sistemas sobre los que corre la propia Inteligencia Artificial?
Es una paradoja interesante: el exceso de tecnología podría terminar alejando a las personas que deben supervisar esa misma tecnología.
Por otro lado, algunos defienden que esta purga es sana. Solo se quedarán los que realmente tienen vocación, eliminando a los que solo buscaban el dinero fácil.
Cómo navegar este nuevo escenario
Si eres estudiante o estás pensando en dar un giro a tu carrera, aquí tienes unas claves para no perderte en esta neblina informativa:
- No te obsesiones con el lenguaje de moda: Python, Rust o Mojo son herramientas. Lo importante es entender la lógica de la computación.
- Abraza la IA, no le huyas: Aprende a usar Copilot o ChatGPT como si fueran un becario muy rápido pero que a veces miente. Tú eres el supervisor.
- Busca la hibridación: Combina la informática con otra pasión (medicina, arte, economía). Ahí es donde estará el valor diferencial en los próximos años.
- Fomenta las soft skills: La capacidad de explicar un problema técnico a alguien que no sabe de tecnología es hoy más valiosa que nunca.
En resumen, no es que el mundo ya no necesite informáticos, es que el mundo ya no necesita el tipo de informático que fabricábamos hace diez años.
Estamos ante un ajuste de cuentas entre la educación académica y la realidad vertiginosa de la industria. Y como siempre, los que sobrevivan serán los que sepan adaptarse.



