Cuando la tecnología se convierte en la coartada perfecta para esconder una mala gestión financiera.
El fin de una narrativa conveniente
Durante los últimos dos años, nos han bombardeado con una idea constante: los robots vienen a por tu puesto de trabajo. Cada vez que una gran tecnológica anunciaba un recorte de plantilla de miles de personas, el comunicado oficial solía llevar la palabra “eficiencia” e “inteligencia artificial” en la misma frase. Era la narrativa perfecta. Si te despiden porque una máquina es más lista que tú, la empresa parece innovadora y futurista. Si te despiden porque el CEO contrató a demasiada gente durante la pandemia sin un plan real, la empresa simplemente parece mal gestionada. Hoy, gracias a unas declaraciones del mismísimo Sam Altman, el velo se ha levantado. El CEO de OpenAI ha confirmado lo que muchos ya sospechábamos en los pasillos de las redacciones digitales: la IA está siendo utilizada como un chivo expiatorio masivo.
“La IA no es el verdugo de tu empleo, es el maquillaje para los errores de cálculo de quienes te contrataron.”
¿Qué es realmente el AI washing?
Para entender este fenómeno, imagina que un restaurante decide despedir a la mitad de sus camareros. En lugar de admitir que el alquiler del local ha subido o que el dueño gastó demasiado en una decoración innecesaria, le dice a todo el mundo que han instalado un “horno inteligente de última generación” que hace el trabajo de cinco personas. El horno, en realidad, solo calienta el pan un poco más rápido. Eso es el AI washing. Es el uso cosmético de la inteligencia artificial para justificar decisiones que, en realidad, son puramente financieras y estructurales. Las empresas tecnológicas están aprovechando el hype de herramientas como ChatGPT para limpiar su imagen mientras ejecutan recortes que habrían ocurrido de todas formas. Es una maniobra de distracción brillante, pero profundamente deshonesta.
La resaca de la sobrecontratación pandémica
Para entender por qué estamos aquí, hay que mirar atrás, específicamente al periodo entre 2020 y 2022. Durante el confinamiento, el mundo se volcó a lo digital. Las tecnológicas pensaron que ese crecimiento del 300% sería eterno. Contrataron como si no hubiera un mañana. Programadores, diseñadores, expertos en marketing… las plantillas se inflaron de forma artificial. Pero cuando el mundo volvió a salir a la calle y los tipos de interés empezaron a subir, la burbuja pinchó. ¿Cómo explicas a tus inversores que te equivocaste contratando a 10.000 personas de más? No lo haces. Dices que estás “reorientando tus recursos hacia la revolución de la IA”. Es una píldora mucho más fácil de tragar para Wall Street. De hecho, cada vez que una empresa menciona la IA en su informe de resultados, sus acciones suelen subir, incluso si al mismo tiempo están echando a la calle a familias enteras.
Los datos de 2025 no mienten
Si miramos las estadísticas de hoy, la realidad es tozuda. Aunque los titulares sugieren un apocalipsis laboral robótico, solo una mínima fracción de los despidos totales ejecutados este año tienen una relación directa y técnica con la automatización por IA. La mayoría de los puestos eliminados son de departamentos que la IA aún no puede tocar con eficacia: gestión humana, estrategia creativa compleja y ventas relacionales. Trastear con ideas es algo que a los modelos actuales se les da bien, pero sustituir la estructura de una empresa entera es otra historia. Me puse a investigar algunos casos recientes y me di cuenta de que muchas de estas empresas que despiden bajo la bandera de la IA ni siquiera han implementado soluciones de inteligencia artificial en sus procesos internos de forma operativa. Es puro humo.
¿Por qué le importa esto al lector de a pie?
Esto te importa porque cambia la forma en la que negocias tu futuro. Si crees que el peligro es un código de programación, intentarás aprender a programar mejor. Pero si el peligro es una narrativa corporativa que busca reducir costes para inflar el valor de la acción, el problema es estructural. La IA es una herramienta increíble, yo mismo la uso a diario para agilizar mis flujos de trabajo en SombraRadio, pero no es la trituradora de empleos que los directivos quieren que creas. Esto me hizo pensar en cómo nos manipulan a través del miedo tecnológico. ¿Cuántas veces hemos aceptado peores condiciones de trabajo solo porque “una IA podría hacerlo si no lo haces tú”? Es la amenaza del siglo XXI.
Riesgos y el efecto bumerán
Esta estrategia tiene un riesgo enorme para las empresas: la pérdida de talento real. Al despedir bajo la excusa de la IA, muchas compañías están dejando marchar a personas con un conocimiento institucional valiosísimo. Imagina que vacías una biblioteca porque dices que “todo está en Google”, y luego te das cuenta de que nadie sabe qué buscar ni cómo verificar la información. Eso está pasando en el sector tech. La IA puede generar texto, código e imágenes, pero no tiene criterio, no tiene ética y, sobre todo, no tiene la intuición que da la experiencia. El AI washing está creando empresas más delgadas, sí, pero también más tontas y menos capaces de reaccionar a problemas imprevistos.
Cómo detectar el AI washing en tu entorno
Para que no te den gato por liebre, aquí tienes unos puntos clave para identificar si una empresa está usando la IA como excusa:
- Falta de implementación: La empresa anuncia despidos por IA pero no ha presentado ninguna herramienta o cambio de flujo de trabajo real.
- Coincidencia financiera: Los despidos ocurren justo antes de un informe de resultados trimestral o tras una caída en la bolsa.
- Ambigüedad: Los comunicados hablan de “sinergias tecnológicas” sin explicar exactamente qué tareas han sido automatizadas.
- Sustitución fantasma: El trabajo de las personas despedidas no lo hace una máquina, sino que se reparte entre los empleados que se quedan, aumentando su carga laboral.
Conclusiones para navegar este nuevo escenario
La IA es real, poderosa y va a cambiar el mundo, de eso no hay duda. Pero no permitas que la usen como una cortina de humo para justificar decisiones que tienen más que ver con el Excel que con el código. Lo que Sam Altman ha hecho es darnos una cura de realidad. Al final del día, la tecnología debe servir para potenciarnos, no para silenciarnos. Mi recomendación es clara: sigue formándote en IA, pero no pierdas de vista la salud financiera de tu sector. A veces, el mayor enemigo de tu puesto de trabajo no es un algoritmo, sino un mal gestor con un buen departamento de comunicación. ¿No te parece irónico que la persona que más ha impulsado esta tecnología sea la que ahora nos pida que miremos debajo de la alfombra?



