“No soy católico, pero podría ser papa”.
En plena solemnidad del luto por la muerte del Papa Francisco, y con el cónclave a las puertas, Donald Trump —nunca ajeno a la teatralidad— publicó en su red Truth Social una imagen generada por IA donde aparece vestido como papa, con mitra y sotana blanca. La fotografía fue luego compartida por la cuenta oficial de la Casa Blanca en X, como si se tratase de una jugada calculada. El mundo católico —y no solo— estalló.
Payasada digital o acto de propaganda
Mientras el Vaticano celebra misas en memoria del pontífice fallecido el 21 de abril, y los cardenales se preparan para la elección de su sucesor, Trump irrumpe con una imagen generada artificialmente, convertido en Vicario de Cristo por obra y gracia del algoritmo. La provocación no fue ignorada: desde los medios italianos hasta los obispos de Nueva York, las críticas se multiplicaron. Se habló de “mal gusto”, “megalomanía patológica” y “una burla a los creyentes”.
El político que juega a pontífice
Trump no se detuvo en el meme. Bromeó con ser el próximo papa —“sería mi primera opción”— y algunos de sus aliados, como Lindsey Graham, se sumaron al espectáculo, pidiendo “mantener la mente abierta”. Pero esta no es solo una broma de mal gusto: es una estrategia. Trump ha estado impulsando abiertamente al cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, como candidato papal, en un momento en que el mundo católico aún llora a Francisco.
¿El objetivo? Colocar a alguien más alineado con su visión ideológica y desmontar el legado social y migratorio que Francisco trató de dejar en la Iglesia estadounidense.
Inteligencia artificial como instrumento de poder
La imagen papal de Trump no fue solo una provocación. Es un símbolo de cómo las herramientas digitales —como la IA generativa— pueden usarse para distorsionar la percepción, moldear narrativas y desdibujar las fronteras entre verdad, sátira y propaganda. En una era donde lo virtual se convierte en evidencia, Trump se autoproclama santo padre en píxeles… y lo replica el aparato institucional.
Lo profano y lo político
En Italia, incluso los no creyentes sintieron la afrenta. El papado es un símbolo cultural. En EE.UU., la Conferencia Católica del estado de Nueva York expresó su indignación con un comunicado que resume bien el sentir eclesial: “Acabamos de enterrar a nuestro amado papa Francisco… No se burle de nosotros”.
Y, sin embargo, lo hizo. Porque la lógica de Trump nunca ha sido la del respeto institucional, sino la de la dominación simbólica.
🧩 La IA no canoniza, pero ya convierte a los poderosos en sus propias deidades. ¿Estamos ante un nuevo culto digital del poder?



