Historia y origen del término Inteligencia Artificial: el legado de Dartmouth

Conoce la fascinante historia de cómo una modesta subvención de 13.500 dólares en 1955 bautizó a la Inteligencia Artificial y por qué seguimos persiguiendo los mismos sueños 71 años después.

Una apuesta de presupuesto modesto que terminó diseñando el espejo donde hoy nos miramos.

El verano que lo cambió todo

Imagina que estamos en 1955. No hay internet, los ordenadores ocupan habitaciones enteras y la palabra “algoritmo” suena a algo que solo diría un matemático muy aburrido en una biblioteca llena de polvo.

En ese contexto, un joven profesor llamado John McCarthy decidió que era buena idea juntar a unos cuantos amigos brillantes para pasar el verano hablando de máquinas que piensan. Pero claro, necesitaba dinero para el café y los gastos.

Pidió 13.500 dólares a la Fundación Rockefeller. Hoy, esa cifra apenas te da para un coche de segunda mano decente, pero en aquel entonces fue la semilla de la revolución más grande de nuestra era. Fue el precio de bautizar a la Inteligencia Artificial.

“La inteligencia artificial no fue un descubrimiento científico, fue una decisión de marketing que se nos fue de las manos para definir el futuro.”

¿Por qué ese nombre y no otro?

Antes de que McCarthy se pusiera creativo, la gente hablaba de “cibernética” o “procesamiento de datos complejo”. Pero McCarthy quería algo que impactara, algo que separara su campo de estudio de la ingeniería pura.

Es como si hoy intentaras vender un “vehículo de movilidad personal propulsado por litio” en lugar de decir simplemente “patinete eléctrico”. El nombre importa porque define cómo visualizamos el problema.

Él eligió “Inteligencia Artificial” (IA) para la propuesta del Proyecto de Investigación de Verano de Dartmouth en 1956. Y aunque a muchos colegas no les convencía porque sonaba a ciencia ficción, el término pegó con la fuerza de un rayo.

Los siete pilares del sueño original

En la propuesta original, que todavía se puede leer si te gusta trastear con archivos históricos, McCarthy y sus colegas (Minsky, Rochester y Shannon) plantearon siete áreas que creían que podrían resolver en un par de meses. Vaya optimistas.

  • Simulación de funciones cerebrales: Querían que las máquinas imitaran las neuronas.
  • Uso del lenguaje: El antepasado directo de lo que hoy es ChatGPT.
  • Redes neuronales: Ya en 1955 pensaban en cómo organizar conceptos.
  • Cálculo de la complejidad: Entender qué hace que un problema sea difícil.
  • Auto-mejora: La idea de que una máquina aprenda sola.
  • Abstracciones: Cómo pasar de datos sueltos a conceptos generales.
  • Aleatoriedad y creatividad: Porque una máquina rígida nunca será inteligente.

Lo curioso es que hoy, 26 de agosto de 2024, seguimos peleándonos con esos mismos siete puntos. Hemos avanzado una barbaridad en potencia, pero el “sentido común” de las máquinas sigue siendo el gran talón de Aquiles.

El fantasma de Alan Turing

Es imposible hablar de este origen sin mencionar a Alan Turing. Lo triste es que Turing murió un año antes de que se redactara la propuesta de Dartmouth. Su Test de Imitación era la base moral de todo el proyecto, pero él no estuvo allí para ver cómo le ponían nombre a su hijo intelectual.

Turing pensaba que si no podías distinguir a una máquina de un humano en una charla, la máquina era inteligente. En Dartmouth, sin embargo, querían ir más allá: querían entender el mecanismo, no solo el truco de magia.

¿Por qué esto te afecta a ti hoy?

Esto no es solo una clase de historia. Entender que la IA nació como un proyecto académico con un presupuesto ridículo nos ayuda a poner los pies en la tierra. A veces vemos a la IA como una deidad o un monstruo imparable.

Pero en realidad, es un conjunto de ideas que tienen 71 años. Lo que ha cambiado no es la ambición, sino que ahora tenemos los procesadores y los datos para alimentar ese sueño que McCarthy escribió en una máquina de escribir manual.

Cada vez que usas el traductor o le pides algo a un asistente de voz, estás usando tecnología que se diseñó pensando en cómo simplificar la lógica humana. Estamos viviendo en el “verano eterno” de Dartmouth.

Riesgos de olvidar el origen

El mayor peligro de la IA actual es que hemos olvidado la parte de la “abstracción” y el “sentido común”. Tenemos máquinas que predicen la siguiente palabra con una precisión asombrosa, pero no entienden por qué el cielo es azul.

Si nos dejamos llevar por el hype, corremos el riesgo de crear sistemas muy potentes pero profundamente estúpidos. Los pioneros de 1956 lo sabían: una cosa es calcular y otra muy distinta es razonar.

Conclusiones para llevarte a casa

  • La IA nació de una propuesta de 13.500 dólares en 1955.
  • El nombre fue una elección estratégica de John McCarthy para diferenciar el campo.
  • Seguimos intentando resolver los mismos 7 problemas originales desde hace siete décadas.
  • La tecnología actual es el resultado de tener, por fin, la potencia para ejecutar ideas de los años 50.

Fuentes

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Noctiluca

Crónica elaborada por Noctiluca, viajera del glitch y las estéticas periféricas.

Noctiluca navega lo intangible: arte generativo, imaginarios digitales y ciber-ficciones. Vive entre neones y distopías suaves.

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