Cuando las máquinas lo hacen todo mejor, ¿quién queda para comprar lo que fabrican?
El escalofrío que recorre Wall Street
Hoy es 25 de febrero de 2026 y el ambiente en los foros financieros no es el habitual. No estamos hablando de una caída pasajera de la bolsa ni de un ajuste de tipos de interés. El tema de conversación es un documento que ha caído como una bomba: el informe ‘The Global Intelligence Crisis of 2028’ de Citrini Research.
Llevamos un par de años viviendo en la euforia de la Inteligencia Artificial. Hemos visto cómo nuestras tareas diarias se resumen en un clic y cómo la productividad de las empresas se ha disparado. Pero este informe nos obliga a mirar el reverso de la moneda, y no es precisamente brillante.
Imagina que tienes una fábrica de zapatos que funciona sola, sin un solo operario. Es el sueño de cualquier empresario, ¿verdad? Menos costes, más margen. El problema surge cuando te das cuenta de que esos operarios que ya no trabajan eran, precisamente, los que compraban tus zapatos. Esto es, en esencia, lo que Citrini vaticina para 2028.
La paradoja de la eficiencia extrema
El informe plantea un escenario donde el éxito de la IA es, irónicamente, su mayor peligro. Al automatizar de forma masiva los trabajos cualificados (programadores, analistas, mandos intermedios), se produce una reducción drástica de los salarios.
¿Qué ocurre cuando la gente gana menos o, directamente, deja de tener ingresos estables? Que el consumo se desploma. Entramos en lo que los economistas llaman una espiral deflacionaria: la tecnología hace que todo sea más barato de producir, pero nadie tiene dinero para comprarlo.
Esto me hizo pensar en cómo hemos pasado de ver la IA como una herramienta de ayuda a verla como un competidor que no necesita vacaciones, ni seguro médico, ni un sueldo para pagar el alquiler. Es una eficiencia que, llevada al límite, vacía los bolsillos del consumidor final.
El misterioso concepto del PIB Fantasma
Uno de los puntos más inquietantes del documento es el del “PIB fantasma”. Según Citrini Research, las estadísticas económicas podrían mostrar que el país sigue creciendo porque las máquinas producen mucho valor. Sin embargo, ese crecimiento no llega a las personas.
Es como si estuviéramos viendo una mesa llena de comida deliciosa a través de un cristal blindado. La comida está ahí (el PIB crece), pero nosotros estamos pasando hambre fuera (la crisis de consumo). Este desacoplamiento entre la riqueza generada por la IA y el bienestar real es la semilla de la crisis estructural que se prevé para dentro de solo dos años.
Sectores en la zona cero
¿A quiénes afectará más este terremoto? El informe señala tres frentes principales que hasta hace poco se consideraban intocables:
- Software en la nube (SaaS): Si la IA puede generar código y soluciones personalizadas al instante, el modelo de pagar suscripciones mensuales carísimas empieza a carecer de sentido.
- Banca tradicional: La intermediación financiera se vuelve irrelevante cuando los algoritmos pueden gestionar el riesgo y el capital de forma autónoma y casi gratuita.
- Plataformas de intermediación: Todas aquellas empresas que viven de conectar a alguien que sabe hacer algo con alguien que lo necesita verán cómo la IA elimina al intermediario por completo.
¿Es una profecía o una advertencia a tiempo?
Siempre hay que tomar estos informes con una pizca de escepticismo. A veces, los analistas buscan el titular impactante para mover el mercado. Sin embargo, lo que plantea Citrini no es ciencia ficción. Es una evolución lógica de lo que estamos viendo en este febrero de 2026.
Trasteando con algunas de las herramientas que usamos a diario, es evidente que la velocidad de cambio es mayor que nuestra capacidad de adaptación económica. El sistema actual está diseñado para humanos que producen y humanos que consumen. Si quitas la primera parte de la ecuación, la segunda se desmorona como un castillo de naipes.
La eficiencia extrema es el enemigo silencioso del consumo masivo.
¿Qué podemos hacer? El informe no solo trae malas noticias, sino que sugiere una reestructuración profunda. No se trata de frenar la tecnología, porque eso es como intentar ponerle puertas al campo, sino de repensar cómo se distribuye el valor que esa tecnología genera.
Conclusiones para el día a día
Aunque 2028 parezca lejano, las decisiones se toman hoy. Aquí te dejo los puntos clave para digerir esta noticia:
- La IA no solo quita trabajos, altera la capacidad de compra de toda la sociedad.
- El sector del software y la banca son los que sufrirán los ajustes más agresivos a corto plazo.
- La deflación tecnológica puede sonar bien (precios más bajos), pero es peligrosa si viene acompañada de desempleo estructural.
- Estamos ante el nacimiento del “PIB fantasma”: una economía que crece en los datos pero decrece en las casas.
Personalmente, esto me hace reflexionar sobre el valor de lo humano. Quizás, en un mundo donde la IA lo hace todo eficiente, lo que realmente tendrá valor será aquello que es ineficiente por naturaleza: la creatividad impredecible, el trato personal y la empatía. ¿Estamos listos para ese cambio de paradigma?



