Un estudio de 20.000 relatos encuentra una concentración llamativa de faros, personajes y profesiones. La repetición está documentada; su causa todavía no está resuelta.
Otra vez un faro. Otra vez Elías
Le pides una historia a una inteligencia artificial. Aparece un faro, alguien que lo cuida y un secreto pendiente de descubrir. El relato puede resultar agradable. La sorpresa llega cuando descubres que otros lectores han recibido ingredientes muy parecidos.
Elías se ha convertido en el rostro de esa repetición. Su caso plantea una pregunta interesante para cualquiera que utilice estas herramientas para escribir: ¿cuánta variedad hay detrás de una respuesta que parece original?
Qué encontraron los investigadores
Sil Hamilton y David Mimno, de la Universidad de Cornell, analizaron 20.000 relatos generados por cuatro modelos mediante cinco peticiones breves en inglés. Entre ellas había instrucciones tan abiertas como pedir que escribieran una historia.
- El 51,2 % incluía la palabra inglesa lighthouse, «faro».
- El 26,5 % contenía el nombre Elias.
- El 88,3 % incluía al menos una de once palabras recurrentes relacionadas con nombres, escenarios y profesiones.
Ese último porcentaje no significa que casi nueve de cada diez relatos contaran la misma historia. Compartir vocabulario tampoco demuestra que coincidan las tramas, los personajes completos o los desenlaces.
La explicación no es tan sencilla como «repite lo que más ha leído»
Los autores encontraron que esos elementos eran mucho menos frecuentes en los textos literarios y los datos de entrenamiento examinados que en los relatos generados.
Su hipótesis apunta a la influencia del ajuste posterior de los modelos, pero la causa sigue abierta. El experimento, realizado en inglés y bajo condiciones concretas, tampoco permite trasladar sus porcentajes a cualquier idioma, versión o instrucción.
Una historia puede gustar y parecerse demasiado a otras
La calidad de un texto y la diversidad de un conjunto son cuestiones distintas. Un relato puede estar bien construido, mantener el interés y, al mismo tiempo, compartir muchas decisiones con otros.
Un experimento diferente, publicado en 2024 por Anil Doshi y Oliver Hauser en Science Advances, estudió a personas que escribían relatos con o sin ideas proporcionadas por IA.
Los textos elaborados con esa ayuda recibieron mejores valoraciones de creatividad, calidad de escritura y disfrute, especialmente entre participantes con menor creatividad inicial. Sin embargo, también se parecían más entre sí.
No se trataba de evaluar los cuentos de Elías. El resultado aporta otra perspectiva: una herramienta puede mejorar una pieza individual y reducir, a la vez, la variedad del conjunto.
Qué significa para quienes crean contenido
Imagina una reunión en la que cada participante llega con una propuesta preparada por separado. Si todas parten de un personaje solitario, un objeto antiguo y un secreto familiar, puede haber diferencias de estilo, pero el abanico de ideas es más estrecho de lo que aparenta.
Para un escritor, una marca o una redacción, esa es una pregunta útil al revisar propuestas: ¿cambian realmente los conflictos y los puntos de vista, o solo los nombres y la decoración?
Trasladar al farero a una nave espacial puede producir una imagen atractiva. Pero si conserva la misma misión, descubre el mismo secreto y alcanza la misma conclusión, quizá solo hayamos cambiado el escenario.
Cómo buscar alternativas con más criterio
Las siguientes pautas son propuestas de trabajo editorial, no una solución demostrada por el estudio:
- Define una situación concreta. Introduce un problema, un lugar y una relación entre personajes que te interese explorar.
- Pide diferencias de fondo. Solicita alternativas con conflictos, motivaciones y desenlaces distintos, además de escenarios diferentes.
- Compara las propuestas juntas. Busca estructuras repetidas antes de desarrollar la primera que suene convincente.
- Aporta observaciones propias. Una conversación, una contradicción o un detalle cotidiano pueden dar dirección al relato.
- Revisa lo demasiado cómodo. Pregúntate si cada giro surge de los personajes o simplemente resuelve la historia de la forma más previsible.
Por ejemplo, una instrucción podría ser: «Propón cuatro historias sobre dos personas que comparten un turno de noche. Cada propuesta debe tener un conflicto diferente y ninguna puede resolverse mediante una confesión o el hallazgo de un objeto».
La intención es fijar criterios que permitan valorar las alternativas. Una petición más detallada tampoco garantiza originalidad, pero hace más explícitas las decisiones que quieres explorar.
Lo que Elías nos invita a revisar
Un faro puede seguir siendo un escenario magnífico. La cuestión es si lo elegimos porque sirve a la historia o porque aceptamos la primera propuesta sin compararla con otras.
Al trabajar con IA, merece la pena detenerse antes de confundir fluidez con novedad. El texto puede estar listo para leerse mucho antes de que hayamos decidido qué queremos contar.
Fuentes consultadas
- Hamilton y Mimno: Elias in the Lighthouse, Again? Diagnosing Low Diversity in LLM Stories.
- Doshi y Hauser: Generative AI enhances individual creativity but reduces the collective diversity of novel content.
- Genbeta: ¿Quién es Elías, el farero? La ficción con IA cuenta la misma vieja historia.
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