Cuando el algoritmo aprende a hablar, la cultura le dicta qué debe callar y qué puede decir.
El gran pacto: OpenAI, G42 y la búsqueda de la IA “nacional”
La noticia, a primera vista, parece un simple acuerdo de negocios: OpenAI, el gigante detrás de ChatGPT, se asocia con G42, un poderoso holding de Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos). El objetivo es crear una versión personalizada y localizada de ChatGPT, adaptada específicamente para el mercado de EAU y, potencialmente, para la región árabe.
Pero, como casi siempre ocurre con la tecnología que moldea sociedades, la letra pequeña esconde una realidad mucho más compleja. Este acuerdo subraya una idea que, hasta ahora, muchos preferían ignorar: la Inteligencia Artificial no es una herramienta técnica neutral. Es un producto cultural.
Piensa en esto. Cuando descargas una app, esperas que funcione igual en Madrid que en Tokio. Pero con los Modelos de Lenguaje Grandes (LLMs), eso es imposible. El entrenamiento masivo en internet les da un sesgo cultural inevitablemente occidentalizado, centrado en narrativas, historia y sensibilidades mayoritariamente angloparlantes.
Para una potencia como EAU, que busca establecerse como líder en IA mientras mantiene un estricto control sobre su narrativa política y cultural, la solución no es usar un modelo global sin filtrar. Necesitan una IA que hable su idioma, pero que también respete sus límites.
¿Qué significa ‘localizar’ un modelo de lenguaje?
Localizar no es solo traducir. Si fuera solo eso, el impacto sería mínimo. Aquí estamos hablando de una adaptación profunda que toca dos pilares esenciales:
1. Adaptación Lingüística Profunda
Para que la IA sea realmente útil, debe entender las sutilezas del árabe local, incluyendo dialectos específicos (como el Khaleeji) que son ricos en matices y que una IA entrenada solo en árabe estándar moderno (Fusha) no captaría del todo. Esto es una excelente noticia para la inclusión digital.
Imagina que intentas usar ChatGPT para negociar el precio del pescado en un zoco o para redactar un documento oficial con la jerga local. Si el modelo falla en ese contexto cultural, simplemente no sirve.
2. El Filtro Temático y Político
Aquí es donde el acuerdo se pone espinoso. Las adaptaciones no solo incluyen el vocabulario; también incluyen las restricciones de contenido. Los LLMs personalizados deben reflejar la línea política y las sensibilidades religiosas y culturales de la monarquía emiratí.
Esto significa que ciertas preguntas sobre política local, historia reciente, religión o derechos sociales que podrías hacerle a ChatGPT en Berlín, simplemente obtendrían respuestas evasivas, sanitizadas o inexistentes en la versión de EAU. Es una forma de censura suave, integrada en la matriz del algoritmo.
La neutralidad de la IA es una ilusión; siempre habla el idioma de quien paga el entrenamiento.
La IA como arquitecto de la conversación
¿Por qué debería importarte esto, incluso si vives a miles de kilómetros de Abu Dhabi? Porque este caso sienta un precedente global sobre cómo se diseñarán las herramientas de inteligencia artificial a partir de ahora.
Hasta hace poco, la batalla por el control digital se libraba en el nivel del firewall o el bloqueo de sitios web. Ahora, la batalla ha migrado al nivel de la infraestructura de conocimiento. Los modelos de IA no solo responden a preguntas; moldean activamente la conversación.
Si una generación joven crece usando una IA que consistentemente evita o minimiza ciertos temas controversiales, ese silencio algorítmico se internaliza como una norma social. El modelo de lenguaje se convierte en un agente cultural, un co-creador de la narrativa nacional, más allá de ser solo una herramienta de consulta.
El Dilema de la Soberanía Tecnológica
Muchos países quieren desarrollar sus propios LLMs por una cuestión de soberanía tecnológica. No quieren depender de servidores estadounidenses o chinos para almacenar y procesar su información más sensible.
El acuerdo de OpenAI y G42 muestra la vía rápida: en lugar de gastar miles de millones y años entrenando un modelo desde cero, se toma un modelo fundacional (GPT-4 o similar), se le inyecta la cultura local, se le pone el filtro político y se presenta como la ‘IA nacional’. Es pragmático, eficiente y, para el estado, garantiza el control ideológico.
Pero el precio de esa soberanía es la pérdida de la universalidad y la introducción de sesgos muy específicos. Esto nos lleva a un futuro donde la IA que usamos en el trabajo o para la educación será una IA fragmentada.
El Riesgo de la Fractura Digital Global
El internet siempre ha prometido ser un espacio de conocimiento unificado. Pero los últimos años nos han enseñado que la realidad es muy diferente: la red se está balcanizando. Tenemos la Gran Muralla de Fuego en China, tenemos regulaciones de datos europeas muy estrictas, y ahora tendremos IA que ofrecen realidades paralelas.
Imagina que estás investigando un evento histórico. Un estudiante en EAU le pregunta a su ChatGPT personalizado y recibe una versión ‘A’ de los hechos. Un estudiante en EE. UU. le pregunta a un modelo global sin filtros y recibe una versión ‘B’, que puede ser más crítica o abordar ángulos omitidos en la versión local.
Si la base del conocimiento asistido por IA es diferente en función de tu geografía y tu régimen político, la verdad se vuelve maleable. Y eso es profundamente inquietante para la investigación, el periodismo y, sobre todo, para la ciudadanía crítica.
¿Cómo gestionar la verdad algorítmica?
Los desarrolladores de IA argumentan que la localización es necesaria para evitar ofender sensibilidades culturales profundas y cumplir con las leyes locales. Es un argumento válido. Pero la línea entre la sensibilidad cultural y la censura política es extremadamente fina.
La clave no está en prohibir la localización, sino en exigir la transparencia. Necesitamos saber qué parámetros se modificaron, qué temas se restringieron y, sobre todo, quién tiene la llave maestra de esos filtros. Cuando un modelo se convierte en infraestructura crítica, sus reglas de funcionamiento deben ser de dominio público, o al menos verificables por auditores independientes.
Conclusión: Lo que debes saber sobre tu IA
Este acuerdo no es un incidente aislado; es el mapa del futuro. La IA se está vendiendo como un servicio SaaS (Software as a Service) que se puede adaptar a cualquier necesidad, incluso a la necesidad de controlar la narrativa nacional. Como usuarios, debemos despertar a esta realidad.
- Tu modelo no es neutral: Asume que la IA que utilizas (incluso las versiones gratuitas) tiene sesgos culturales y posiblemente ideológicos incrustados.
- Pregunta por el origen: Si usas una IA especializada o localizada, investiga quién la entrenó y bajo qué parámetros éticos o legales se le impusieron límites.
- Busca la diversidad de fuentes: Nunca confíes en una única IA para investigar temas sensibles o complejos. Contrasta los resultados con fuentes humanas y diversas plataformas.
- El código es político: Recuerda que la programación y el entrenamiento de los LLMs son actos políticos. Cada línea de código que filtra o prioriza información tiene una intención.



