Durante mucho tiempo creímos que la inteligencia artificial era algo neutral. Sin ideología. Sin cultura. Sin personalidad.
Pero eso está empezando a cambiar.
Un reciente estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha demostrado que GPT-4o, el modelo de OpenAI, no solo cambia de idioma… también cambia de forma de ser según la lengua que utiliza.
Sí: la IA se comporta de manera distinta en español, inglés, portugués o turco.
🧠 ¿Cómo lo descubrieron?
Investigadores aplicaron un test psicológico clásico (EPQR-A) a GPT-4o en distintos idiomas: inglés, español, hebreo, portugués, eslovaco y turco.
Y el resultado fue claro: la IA tiene respuestas distintas no solo en forma, sino en fondo.
Por ejemplo:
- En español, el modelo se mostró más empático y emocional.
- En inglés, fue más directo y analítico.
- En portugués, más extrovertido.
- En turco, más reservado.
Estas diferencias no se deben solo a la traducción de las preguntas. Tienen raíces más profundas: los patrones culturales, los valores y la forma en que la IA ha aprendido a “pensar” en cada idioma.
🧩 ¿Qué implica esto?
👉 Que no estamos hablando de traducción.
👉 Estamos hablando de localización mental.
Cuando una IA responde en español, lo hace bajo marcos culturales y sociales distintos que cuando lo hace en alemán o inglés.
El tono, la empatía, la forma de razonar, incluso las prioridades que destaca… todo varía.
Esto es crucial para cualquier empresa, institución o medio que trabaje con IA multilingüe: la misma tecnología puede dar percepciones completamente diferentes según el idioma.
🎯 El reto: de consumidores a creadores culturales
Este hallazgo abre una gran pregunta:
¿Queremos una IA que solo traduzca?
¿O una que nos represente culturalmente?
El mundo hispano tiene ahora una oportunidad única: dejar de consumir modelos globales “neutros” y empezar a desarrollar IA localizadas que comprendan cómo nos comunicamos, decidimos, confiamos o dudamos.
No basta con que la IA “hable español”.
Necesitamos una IA que piense como nosotros.
🧠 En Sombra Radio lo decimos así:
La IA no es una voz sin alma.
Es un espejo de lo que le enseñamos.
Si queremos que nos entienda, tenemos que enseñarle más que palabras: tenemos que enseñarle quiénes somos.



