Describir una herramienta, probarla y pedir cambios en lenguaje natural abre una posibilidad para quien conoce bien un problema, aunque nunca haya escrito código. La parte difícil suele aparecer al decidir qué cuenta como un resultado correcto.
Imagina que cada viernes revisas qué noticias ha publicado tu medio. Exportas un listado, abres una hoja de cálculo y vuelves a pedirle lo mismo: que muestre los artículos de los últimos siete días, agrupados por tema y con un enlace para abrir cada uno. Tu gestor de contenidos ya tiene todos esos datos. Lo que te falta es un botón que diga «preparar el resumen del viernes».
Ese botón ilustra el atractivo del vibe coding. Puedes darle a un asistente de IA una muestra del listado, describir la pantalla que necesitas y pedirle que escriba una primera versión. Al probarla, quizá descubras que te resulta más cómodo ordenar las noticias por día. Puedes pedir ese cambio con las mismas palabras que usarías para explicárselo a un compañero.
De dónde viene el término «vibe coding»
Andrej Karpathy popularizó la expresión en febrero de 2025 para describir una forma de programar en la que delegaba la escritura del código en la IA y guiaba los cambios por lo que veía al ejecutar el programa. El matiz importa: un desarrollador también puede usar IA para escribir una función, revisar cada línea y comprobar cómo encaja en su aplicación. En el sentido original de vibe coding, la persona dirige el trabajo principalmente a través de la conversación y del resultado que tiene delante.
Como plantea Xataka, la oportunidad está en la especificidad. Para el fabricante de un gestor de contenidos, ese resumen semanal compite con cientos de peticiones de otros clientes. Para una redacción que lo prepara todos los viernes, puede ser la única función que merece la pena construir. Basta con que la herramienta lea el archivo exportado y haga bien esa tarea.
La prueba de las once noticias
Supongamos que esta semana se han publicado once noticias y la aplicación devuelve diez. La pantalla tiene buen aspecto, los enlaces funcionan y el recuento sigue estando mal. Al comparar el resumen con el listado original, descubres que faltaba una pieza publicada el domingo por la noche: la herramienta interpretó la fecha en otro huso horario.
Ahora puedes formular una petición mucho más precisa: «Usa la fecha de publicación en hora de Madrid. Incluye desde el lunes a las 00:00 hasta el domingo a las 23:59, aunque prepare el resumen el martes». Y tienes algo mejor que una impresión para comprobar el arreglo: las once noticias que deberían aparecer. Saber cómo se hace el trabajo te ha servido tanto para diseñar la herramienta como para detectar su fallo.
Quién controla la aplicación cuando ya funciona
Pedirle a una IA que construya el resumen y necesitar una IA cada viernes son decisiones distintas. Si el asistente genera un archivo HTML que lee el listado en tu navegador y ordena las fechas, puedes guardarlo y seguir usándolo sin consultar al modelo. Si además quieres que redacte una entradilla distinta para cada edición mediante un servicio externo, esa parte sí dependerá de que el servicio esté disponible y de lo que cobre por usarlo.
El papel del desarrollo profesional se aprecia cuando cambia el alcance. Una herramienta personal que lee una copia del listado admite ensayo y error. Si toda la redacción empieza a usarla y alguien pide que el mismo botón publique el resumen en portada, aparecen preguntas nuevas: quién tiene permiso para publicar, cómo se previsualiza el resultado y cómo se recupera la versión anterior si algo sale mal.
Quizá ese botón nunca necesite publicar nada. Tal vez baste con que, cada viernes, alguien abra el archivo y encuentre sus once noticias en orden. Esa escala modesta explica buena parte del interés por el vibe coding: una aplicación puede merecer la pena aunque solo tenga un usuario.
Fuentes
- Publicación original de Andrej Karpathy sobre el término «vibe coding»
- Xataka analiza cómo la IA permite crear aplicaciones para necesidades muy concretas
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